SANTI Y LOS PECES DEL RÍO PUYO
FABULA DE HERNÁN HERAS LUNA (para apoyar la campaña de limpieza del río Puyo)
Santi, había vivido desde niño en la ciudad, pero tras la muerte de su padre regresó a la comunidad, en la parte baja del río Puyo, a la cabaña de techo de paja donde vivió su infancia. El paisaje encantador le hizo revivir tantas memorias guardadas: la guayusa upina de madrugada, las historias de sus abuelos, la abundante pesca, la pureza del agua para bañarse, nadar y preparar la chicha. Su madre había fallecido hace diez años y sus hermanos migraron a otros lugares.
Esa tarde, la poza del frente se veía irresistible bajo el sol. Se lanzó al agua junto a sus hijos, entre risas, juegos y recuerdos que regresaban como un remanso.
Al día siguiente, a modo de la costumbre de su padre, se levantó a la madrugada. Los chicos y la mamá aún dormían. Él bebió dos tazas de guayusa, tomó el anzuelo y subió a la canoa rumbo a la poza grande, donde su padre solía pescar.
Apenas llegó, antes de lanzar el anzuelo, un movimiento brusco lo desequilibró. Cayó al agua y alcanzó a ver una boa enorme, con el hocico abierto, viniendo sobre él. Sintió la falta de aire mientras la serpiente se le enroscaba en el tórax. Todo se volvió oscuro.
Cuando despertó, estaba dentro de una cueva subacuática. Un rayo de sol entraba por un orificio, permitiéndole distinguir el lugar. No entendía que sumergido podía respirar. A su alrededor nadaban peces pálidos, débiles, como pacientes en una sala de emergencia. Un olor fétido, similar al de las alcantarillas destapadas, impregnaba el ambiente.:
– ¡Amarun te ha traído aquí, tú eres el elegido!, dijo la carachama, mostrando su caparazón enrojecido. El bocachico relató con precisión los niveles de contaminación. También habló la sardina, mostrando los desperdicios en las ramas de la orilla.
– Tus congéneres de la ciudad, no tienen conciencia de la crueldad, de contaminar el río, que se le ve sufrir de fiebre y desvarío, preocupado porque nos vamos a extinguir.
Tomó la palabra la nutria, con una expresión de angustia:
– Lleva este mensaje a los tuyos, que hay que salvar al río Puyo.
Entonces apareció Amarun, esta vez con un aire de confianza y amistad:
– Ven sube, le dijo al elegido, llevándole a la otra orilla. Y se despidió diciendo:
– Cumple tu cometido, desapareciendo bajo el agua. Sobre la arena se quedó dormido. Al abrir los ojos se encontró con sus hijos que tenían granitos por todas partes, y él con su nueva preocupación.
– Desde hoy en adelante, “lucharemos para recuperar tan histórico río que dio nombre al caserío y vida a sus primeros habitantes”. Santi, repitió varias veces, acordándose de la misión que le dieron los afectados de la contaminación.






























































































































































































































