CÓMO EVITAR LA RUPTURA – Por Hernán Heras L
Artículo tomado del libro Cómo sanar las heridas de la ruptura, en homenaje al Día del Amor. Pág. 114
Y ya que estamos llegando al final de este librito, aunque ha sido pensado para ayudar a las personas que han sufrido la ruptura de pareja, es importante dejar algunas ideas que ayudarán a evitarla. Quizá les sirva a quienes están iniciando una relación, especialmente para quienes se lanzan a una nueva oportunidad.
Lo primero y fundamental es que, para hacer un buen noviazgo, pareja, matrimonio, debes asegurarte de que la energía que mueve tu ser por esa persona, sea el amor. Es decir, ese sentimiento que te lleva a buscar y relacionarte con esa persona, de verle, de conversar, de compartir; como la primerísima y principal intensión. Y lo mismo debe pensar tu pareja. Porque decir “Yo te amo” no es sólo me caes bien, tú me gustas, quiero estar contigo, sino:
– Yo te cuido, quiero que seas feliz y nunca sufras. Como canta el ecuatoriano Julio Jaramillo, en una de sus mejores canciones titulada “Esposa”: “Quiero que seas feliz mientras yo viva y que no tengas ni un dolor siquiera” https://bit.ly/3ZyuqeL Entonces amar es interesarse por él o por ella, conocer sus problemas y ayudarle a salir adelante.
Ese amor que va más allá de la atracción física, y por supuesto poco tendrá que ver con cualquier interés que despierta en ti esa persona, sino de siempre hacerle el bien. Porque querer levantar un proyecto de vida en común con una chica o chico por su cuerpo o cara bonita, a la larga, no va a funcionar, más temprano que tarde aparecerán los defectos de cada quien, especialmente aquellos que no se ven a simple vista, y cuando los descubran, vienen las decepciones y quieren salir corriendo.
Porque la belleza física es efímera y ninguna persona es perfecta. El Filósofo dice que el ser humano es el eterno insatisfecho, cada vez que ha conseguido algo, se plantea una nueva meta. He conocido chicos que se han propuesto conquistar a la mujer más bella del barrio, solo para ver cómo es íntimamente, y cuando lo han logrado, dicen sólo ha sido eso, “creí que era algo mejor” y se alejan. Algo similar también hacen algunas chicas. Por eso hay que repetir con el Filósofo, “Solo el amor auténtico es duradero”.
Cuando se han establecido compromisos por conveniencia o por interés, la relación entre la pareja, al comienzo podrá sostenerse en la parte física y sexual, pero con el paso del tiempo, por mucha tolerancia que pueda haber, aparecerán los tropiezos y los enfrentamientos, que terminarán en la ruptura. Porque le falta la magia del amor. El amor verdadero es como una necesidad inexplicable de buscar el bien del ser amado, no de utilizarlo, ni manipularlo. Es más, en parejas que no se aman y se han unido por conveniencias, los cónyuges pueden desarrollar una relación de amor con una tercera persona, porque los seres humanos han sido “diseñados” para amar, y si no hay amor dentro de la pareja lo encuentran fuera. Cuando esto sucede, la separación se acelera, porque la relación se vuelve insoportable.
O querer ser feliz con una dama o un caballero sólo porque te puede proporcionar comodidades por su posición económica, social, política, a la larga no va a progresar. Así como se debe construir la casa sobre la roca, la pareja y la familia se cimientan en el amor. Si hay amor, los problemas se pueden superar. En estos días conversé con un buen amigo sobre el libro y se mostró muy interesado en el tema: ¿Y cómo hacer para superar más pronto el quebranto que deja la separación de la novia? Comencé a explicarle la estructura del libro y me preguntó: En esencia, ¿Qué es el amor? Y él mismo respondió para mí “el amor es una decisión, no un sentimiento”.
Entendí que el amor va más allá de los sensual y tiene una dimensión espiritual. Me contó que hace poco se había separado de su novia y todavía está sufriendo. Por eso considero que para casarse no solo hay que sentir amor, sino decidir amar a esa persona para toda la vida, concluyó. Me quedé admirado de esa forma de pensar, de un joven de unos 28 años de edad, en esta sociedad tan exasperada.
En décadas anteriores y el siglo pasado, los matrimonios se acordaban entre los padres de los chicos, especialmente de familias adineradas que se ponían de acuerdo y les hacían casar a sus hijos para cuidar la fortuna y la reputación de las familias. A veces coincidía con los sentimientos de los chicos que se amaban, otras veces no y tanto el varón como la mujer tenían que aprender a amarse y a tolerarse. La pareja iba consolidándose con la llegada de los hijos y el ambiente familiar. Antes eran más raros los divorcios. El hombre se las arreglaba con una amante fuera de casa y la mujer tenía que soportar, eran tiempos de machismo y de sumisión de la mujer. Aunque no faltaban casos de que la mujer también tenía su entretenimiento fuera del hogar, entonces se desataban los conflictos, debido a la idiosincrasia de la sociedad tolerante con el varón y drástica con la mujer.
En las comunidades indígenas, el imperio del machismo era absoluto, las mujeres no tenían ninguna posibilidad de elegir, el varón tomaba su novia, desde niña y la llevaba cuando cumplía la edad reproductiva. Especialmente en la Nacionalidad Shuar cuyos varones, podían tener varias esposas. En su condición de guerreros, los shuars se apropiaban de las esposas, hijas y demás doncellas de la tribu o familia que conquistaban, el rol de las mujeres se reducía al cuidado de la chacra, la preparación de la comida, repartir la chicha, parir, y cuidar de los niños. Las esposas se ayudaban entre sí y jamás peleaban por su marido. Las de mayor edad eran desplazadas por las más jóvenes. Esta práctica fue disminuyendo con el tiempo y en la actualidad, persisten pocos casos, pero quedan en la clandestinidad. Y cuando la mujer se entera vienen los problemas que pueden terminar en separación. Esos tiempos ya pasaron, dicen ellas, especialmente las que viven en las ciudades y tienen formación sobre derechos de la mujer.
De manera que emprender el viaje de la vida con la compañera o el compañero, el pasaje debe ser el amor. El amor debe ser el motor que mueve toda la existencia del ser humano, en todas sus manifestaciones, en la pareja, en la familia, en el trabajo, en la amistad, en las organizaciones, en la política, en todo. Porque “si yo no tengo amor, nada soy”, decía San Pablo en su «Himno al amor».
“Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe.
Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.
Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.
El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.
El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta…” San Pablo 1 Cor. 13, 1-13.
Porque el amor es una gota de agua en el cristal… es un espacio donde no hay lugar para otra cosa que no sea amar… el amor es crear un mundo entre los dos, es perdonarme tú y comprenderte yo…” canta José Luis Perales https://bit.ly/3Z2QIVM
Siempre será un desafío marcar la diferencia en estos nuevos tiempos de una sociedad caracterizada por rasgos mercantilistas y hedonistas, donde cada quien busca acomodarse para disfrutar y ser feliz a su manera, a veces dando rienda suelta al ego, incluso a costa del sufrimiento del prójimo. Y se recuerda con melancolía esos valores de nuestros abuelos, en los que el novio buscaba a la novia, para amarla y crear una familia para toda la vida.





































































































































































































































