SI LA GENTE LEE TU LIBRO, TUS PALABRAS COBRAN VIDA

Hace unos días llegué a un comedor de la parroquia Tarqui. Pedí un caldo de bagre y, como todas las mesas estaban ocupadas, terminé compartiendo una con dos jóvenes: uno disfrutaba de una guatita y el otro bebía un vaso de cerveza. Los saludé con un cordial «¡Buen provecho!» y me senté.

De pronto, uno de ellos me miró y me dijo:

—Señor Heras, ¿usted es el escritor? Leí su libro, Cómo sanar las heridas de la ruptura¡ Es buenísimo!

Aquella expresión despertó mi curiosidad. Me contó que le gustaba la literatura, que su hermano era cantante de rock pesado y que él disfrutaba especialmente de las letras. Empezó a hablarme de Eduardo Galeano y de sus aciertos literarios. La conversación se volvió cada vez más interesante, hasta que me manifestó su deseo de participar en mis talleres literarios.

Me produjo una enorme satisfacción saber que un joven había leído mi libro y que, además, encontraba en sus páginas motivos para conversar sobre literatura. No todos los días uno se encuentra con lectores que conocen y valoran a escritores de la talla de Galeano, autor de Las venas abiertas de América Latina.

Entonces recordé una reflexión de Jorge Luis Borges: un libro no termina de cobrar vida cuando se publica, sino cuando alguien lo lee y lo hace suyo.

También me vienen a la memoria otras anécdotas con lectores que he encontrado en lugares inesperados. Una vez, en el Terminal Terrestre de Puyo, ofrecí mi libro a una joven. Para mi sorpresa, me respondió:

—Ya leí ese libro y me encanta esa parte donde da consejos para dejar ir a una pareja que nos ha decepcionado.

¡Qué gratificante es descubrir que alguien no solamente ha leído tus páginas, sino que ha encontrado en ellas una orientación para su propia vida!

Por eso, en mis talleres literarios siempre insisto en que no debemos conformarnos con escribir y publicar. El verdadero desafío es conseguir lectores, despertar su interés y lograr que nuestras palabras dialoguen con sus experiencias y emociones.

En estos tiempos de tanta tecnología y de una atención cada vez más dispersa, debemos recuperar el valor de la lectura, ejercitar permanentemente la escritura y, cuando sea necesario, buscar el acompañamiento de un buen editor.

Porque publicar un libro es un logro; conseguir que alguien lo lea, lo disfrute y lo recuerde es darle una segunda vida a nuestras palabras.

Mil gracias queridos lectores y a quienes siguen comprando mis libros. Ustedes dan sentido a esa necesidad de escribir para compartir ideas, sentimientos, experiencias y aprendizajes a través de la palabra escrita. Cada libro que llega a sus manos es una conversación que comienza, una historia que continúa y una pequeña parte de mí esencia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *